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Política de privacidad

Última actualización: 16 de septiembre de 2026 · Responsable: Eliva Global

Lo esencial

Quién trata tus datos

Eliva Global, responsable de TerraPulse. Para cualquier cuestión sobre esta política o sobre tus datos: support@elivaglobal.site.

Tu cuenta

Para usar TerraPulse hace falta una cuenta, y para crearla se piden dos cosas obligatorias: una dirección de correo, que se verifica con un código de seis dígitos y es por donde se recupera el acceso, y un nombre para mostrar, que es como te ve tu círculo en las listas y en el mapa. No hay forma anónima de entrar, y no la hay porque un aviso que no sabe a quién pertenece un teléfono no sirve para que alguien te encuentre.

La contraseña no la vemos ni la guardamos nosotros: la gestiona cifrada el proveedor de la base de datos. No se piden número de teléfono, dirección postal ni ningún otro dato de identidad.

Ubicación

TerraPulse pide acceso a tu ubicación mientras la aplicación está abierta. Aparte, y solo si tú lo activas en Permisos del teléfono después de leer para qué es, puede usarla también con la aplicación cerrada, y únicamente para una cosa: tomar tu posición cuando llega a tu teléfono un aviso de sismo. Para eso Android te pide elegir «Permitir todo el tiempo» en sus ajustes.

Mientras la app está delante, tu posición se actualiza cuando te mueves unos 500 metros o cada 20 segundos, con precisión equilibrada y no la máxima. Se usa para calcular a qué distancia te queda un sismo y qué avisos meteorológicos alcanzan tu provincia. Ese cálculo ocurre en tu teléfono.

Qué sale del teléfono, y a dónde

Cada vez que alguien de tu círculo mira tu posición —la última o la de un sismo— queda anotado quién la miró y cuándo.

Terceros que reciben coordenadas

Para darte el tiempo, la aplicación consulta directamente a servicios externos y les envía la posición necesaria: MET Norway y Open-Meteo (el pronóstico, y la altura sobre el nivel del mar de un punto de encuentro), NOAA y SENAMHI (la estación medida más cercana), y MapTiler u OpenStreetMap (las teselas del mapa). Cada uno se rige por su propia política.

Para escribir el nombre del lugar de una posición —la tuya, o la de alguien de tu círculo cuando la miras—, el teléfono usa el servicio de geocodificación del propio sistema, que en Android presta Google.

La aplicación no calcula rutas, así que ningún servicio de navegación recibe tu posición. Las distancias hasta un punto de encuentro se calculan en línea recta dentro del propio teléfono.

Los avisos oficiales del SENAMHI no reciben tu ubicación: se descargan completos y el cruce con tu provincia se hace dentro del teléfono. Igual con las alertas oficiales en formato CAP, de las que solo se deriva el código de país.

Notificaciones

Para entregarte los avisos, Google (Firebase Cloud Messaging) asigna a tu instalación un identificador técnico. Ese identificador sí se guarda en nuestra base de datos, con tu cuenta, el sistema del teléfono y la versión de la aplicación que tienes instalada. Sirve para mandarte a tu teléfono los avisos que son solo tuyos: un mensaje nuevo de tu círculo, una petición de reporte, un punto de encuentro acordado o el aviso de que hay una versión nueva. No puede ir por la zona, porque a una zona se suscribe cualquiera que adivine su nombre; va a tu aparato.

Ese identificador no lleva tu ubicación, y no cambia lo de arriba: las zonas de avisos de sismo se siguen pidiendo a Google desde tu teléfono, sin pasar por nosotros.

No lo ve nadie de tu círculo: la base de datos solo te deja leer los aparatos de tu propia cuenta. Se borra en tres momentos: al cerrar sesión, porque la aplicación retira ese aparato antes de salir; cuando Google nos dice que ya no existe —desinstalaste la aplicación o el teléfono lo cambió—, y nuestro servidor borra esa fila; y al borrar tu cuenta, con todo lo demás.

Al cerrar sesión, además, la aplicación cancela las suscripciones a las zonas, borra del aparato las zonas guardadas, apaga en ese teléfono la ubicación en sismos y borra del teléfono el historial de conversaciones.

Tu círculo

Un círculo es un grupo de personas que eliges tú. Lo que compartes en él —tu posición según tu modo de compartir, tu ubicación en cada sismo si la activas, los mensajes que escribes en su muro, tus confirmaciones de «estoy bien» (que no llevan tu posición), los puntos de encuentro, el plan familiar y la lista de la mochila— solo lo ven los miembros de ese círculo, y la base de datos lo impone con reglas por fila, no solo la pantalla.

Dónde se guardan los mensajes

En tu teléfono. Lo que se escribe en el muro y en los chats se guarda en el aparato de cada persona, que es donde lo lees. En nuestro servidor se queda 7 días, el tiempo justo para que llegue a todos y para que quien tenía el teléfono apagado lo alcance. Lo que pasa de ahí se borra solo de nuestros servidores, con sus fotos, vídeos, notas de voz y documentos. La copia que dura es la tuya.

Eso tiene cuatro consecuencias, y es mejor que las sepas ahora y no el día que pasen. Si desinstalas la aplicación, el historial se va con ella: al volver a instalarla recuperas del servidor lo de los últimos 7 días, y nada de antes. Cerrar sesión hace lo mismo, porque borra del teléfono lo guardado. El teléfono reserva un espacio para los archivos que has abierto, y cuando se llena suelta los más antiguos —el texto no, los archivos—. Y lo que tú escribiste sigue en el teléfono de quien lo recibió, que es suyo: de ahí no lo podemos borrar nosotros.

Cuando entras en un círculo, su muro empieza ahí. Ves lo que se escribe desde que entraste, no lo de antes, y eso lo impone la base de datos y no la pantalla. Lo mismo que ya pasaba con los sismos.

El muro no se borra; lo que se borra es lo que se dijo. Lo que el círculo anota por sí solo —quién entró, quién confirmó que estaba bien, qué sismo se detectó, qué punto de encuentro se acordó, qué pasó en una emergencia— se queda mientras exista el círculo. Eso no lo escribió nadie: es lo que ocurrió, y en una emergencia es lo que otra persona lee para saber qué pasó.

Cualquiera puede bloquear a quien escribió un mensaje, con efecto inmediato y sin que se le avise, y quien administra el círculo puede quitar un mensaje del muro, y queda anotado quién lo quitó y cuándo. No hay «Denunciar»: un círculo es tu familia, no un sitio de desconocidos, así que lo que hay es bloquear y, en el muro, quitar.

Aparte del muro puedes hablar a solas con una persona de tu círculo. Esa conversación solo la leen esas dos personas: ni el resto del círculo, ni quien lo administra. No pasa por ningún servicio de mensajería ajeno: va de tu teléfono al nuestro y de ahí al suyo, y por el nuestro pasa una semana, como el muro. La regla la impone la base y no la pantalla: solo puedes escribir a alguien con quien compartes círculo. Si un día dejas de compartir círculo con esa persona, lo hablado se queda en vuestros teléfonos y ya no se escribe más. Si bloqueas a alguien, lo que te escriba se sigue guardando pero no te llega ni te suena, y tú no le escribes hasta que lo desbloquees.

Lo que borras o editas no se destruye en el acto. Cuando borras un mensaje del muro o de un chat, en la conversación queda un aviso de que se borró y su contenido deja de verse; cuando lo editas, se ve el texto nuevo. El contenido borrado —el texto, la foto, el vídeo, la nota de voz, el documento o la posición— y el texto anterior de cada edición se apartan a un sitio que no puede leer ningún teléfono, tampoco el tuyo. No se quedan ahí: van colgados del mensaje del que salieron y se borran con él, a los 7 días de haberse escrito. Borrarlo tú solo hace que nadie lo vea antes.

Con el archivo adjunto hay un detalle que conviene decir en vez de prometer de más: al borrar el mensaje, la aplicación deja de poder pedir enlaces para ese fichero, pero el fichero sigue en el almacén hasta que se retira con el mensaje, a los 7 días. Y un enlace pedido antes sigue abriéndolo hasta que caduca, como mucho una hora después. Eso no lo podemos revocar.

Las notas de accesibilidad pueden contener información sobre salud o discapacidad de alguien del hogar. Las escribes tú, son opcionales, y están sujetas a la misma restricción: nadie de fuera del círculo puede leerlas.

Los datos de salud de tu hogar

En Preparación puedes anotar quién vive contigo y qué necesita cada uno en una emergencia: medicación diaria o refrigerada, oxígeno, silla de ruedas, ayuda para caminar, audición, visión, apoyo cognitivo o un embarazo. Es una lista cerrada a propósito — no hay ningún campo abierto para escribir un historial médico — y todo ello es opcional.

Son datos de salud y se tratan como tales. Cada apunte nace visible solo para ti, y ese valor por defecto lo impone la base de datos y no la pantalla: puedes abrirlo después a los cuidadores que designes o al círculo entero, y mientras no lo hagas no lo ve nadie más. Están además en una tabla separada de «quiénes somos en casa», para que saber cuántos sois y saber qué le pasa a cada uno no se den con el mismo permiso.

Como describen a personas de tu hogar que pueden no tener cuenta —un bebé, una abuela sin teléfono—, no se van con el borrado de tu cuenta: pertenecen al hogar de tu círculo y quien se queda los sigue necesitando para el plan. Si quieres que se borren, pídelo y se hace.

Tu foto de perfil

Durante la configuración inicial puedes elegir una foto de tu galería. Es opcional y se puede saltar: nadie se queda sin un aviso de sismo por no poner su cara.

Si la pones, el archivo se guarda en nuestro almacenamiento bajo una dirección larga que incluye tu identificador y la hora de la subida. Conviene que sepas exactamente qué significa eso: esa dirección no está protegida por contraseña. No sale en ningún buscador y no se puede adivinar de memoria, pero ese almacén es de lectura pública —también el listado de lo que hay dentro—, así que la dirección no es un secreto: quien llegue a ella puede abrir la imagen sin tener cuenta.

Tu círculo ve esa foto en tres sitios: junto a tu nombre en la lista de tu gente, en tu marcador del mapa familiar, y en la cabecera de tu propio perfil. Si no has subido ninguna, en su lugar aparece un círculo con tus iniciales.

La ve quien esté en un círculo contigo, y nadie más desde la aplicación. Pero la dirección del archivo sigue sin contraseña, como se explica arriba: eso es lo que conviene tener en cuenta antes de subir una foto donde salgan menores o el interior de tu casa.

Cuando borras tu cuenta, el archivo se borra también, no solo el enlace.

Cámara, micrófono y lo que adjuntas

La aplicación pide la cámara cuando tocas el botón de hacer una foto o grabar un vídeo (de hasta 40 segundos) en una conversación, y el micrófono cuando pulsas grabar una nota de voz o un vídeo. Nunca al abrir la aplicación, y no graban nada fuera de ese momento.

En el muro de tu círculo y en un chat con una persona puedes mandar, además, fotos y vídeos de tu galería y documentos (PDF, Word, Excel, PowerPoint, texto) u otros archivos de audio, como un MP3. Para eso no hace falta ningún permiso: los eliges tú en el selector del propio sistema, y la aplicación solo recibe el archivo que señalas.

Esos archivos se guardan en dos almacenes privados —uno para los muros y otro para los chats de dos—, en la carpeta de esa conversación. A diferencia de tu foto de perfil, no tienen dirección pública: para verlos, la aplicación pide un enlace temporal que caduca en una hora, y la base de datos solo se lo da a quien puede leer ese mensaje.

Todo lo que la aplicación envía y recibe —mensajes, archivos, ubicación y datos de tu cuenta— viaja cifrado (HTTPS).

Bluetooth: para cuando no hay red

La aplicación pide permiso de Bluetooth cercano. Se usa para una sola cosa: que después de un sismo, cuando la red móvil se cae —que es lo que pasa—, tu teléfono pueda pasarle a otro teléfono de tu círculo que estés bien, y recibir lo mismo de ellos. El mensaje viaja de aparato a aparato hasta que alguno recupera cobertura y lo entrega.

Para que eso funcione, tu teléfono emite un identificador que los teléfonos de alrededor pueden ver. Conviene decirlo con claridad: no lleva tu nombre ni tu ubicación, y solo los teléfonos de tu círculo pueden interpretarlo — para cualquier otro es una cadena sin significado.

No se usa para saber dónde estás, ni para detectar qué aparatos tienes cerca, ni para publicidad. Y no está encendido siempre: solo emite y busca mientras tienes abierta la pantalla del radar y lo has encendido tú —la pantalla aparece en el punto de encuentro cuando no hay conexión—, y se apaga al salir de ella o al dejar la aplicación en segundo plano. El permiso se pide la primera vez que lo enciendes, no el primer día.

Lo que NO hacemos

Cuánto se conserva

Tus derechos, y cómo ejercerlos sin escribirnos

Dentro de la aplicación, en Tú → Tus datos:

Y lo que ese botón no alcanza, para que no lo descubras después: los apuntes de salud del hogar; los mensajes que ya escribiste en un muro o en un chat, que en nuestro servidor se van solos a los 7 días pero siguen en el teléfono de quien los recibió, y de ahí no los podemos borrar nosotros; y la propia credencial de acceso, que necesita permisos de servidor que no pueden vivir dentro de un teléfono.

Todo eso lo hacemos a mano escribiendo a support@elivaglobal.site, y por esa misma vía puedes pedir cualquiera de los dos derechos sin usar la aplicación.

Menores

La aplicación está pensada para personas adultas que organizan la seguridad de su hogar. Un adulto puede registrar en su plan familiar datos de menores a su cargo; esa información se trata igual que el resto de lo que hay en el círculo y solo la ven sus miembros.

Una advertencia que no es legal, es honesta

TerraPulse no sustituye a los servicios oficiales de emergencia. Que un aviso llegue depende de la red, del sistema operativo y de los organismos que publican los datos, y ninguna de esas tres cosas está bajo nuestro control. Por lo mismo, que tu ubicación se tome en un sismo depende de que el teléfono esté encendido, con la ubicación activada y con permiso: cuando no se puede, tu círculo ve el motivo.

Cambios

Si esta política cambia, cambia esta página y la fecha de arriba. Los cambios que afecten a qué datos se recogen se avisan además dentro de la aplicación.